5 oct. 2010

Te pega un grito. Está harta de verte allí abajo.
Te da una bofetada para que espabiles
y dejes de tirarte de cabeza a cada arena movediza que encuentras.
Esa vida que no soportas acaba obligándote a darle las gracias,
cuando hace demasiado tiempo que reniegas de cualquier centello,
cuando estamos en mayo y sigues durmiendo con el nórdico y todas esas mantas.
La vida a veces tiene que avisarte para que te des cuenta
de que te estás perdiendo la primavera,
de que te vas a quedar atrapada en ese invierno.



Y la vida, cuando grita, cuando te da una bofetada y te avisa, no se anda con sutilezas.

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